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Fiesta de San Francisco de Curimón Patrimonio Inmaterial

del Valle del Aconcagua

ARQUITECTURA, CIUDADANIA Y APRENDIZAJE
 

Plan de vinculación comunitaria a partir de la memoria relacionado a la fiesta de San Francisco de Curimón / / / / / /

CURIMÓN, VALLE DEL ACONCAGUA
REGIÓN DE VALPARAÍSO
EJECUCIÓN: AÑO 2019

INICIO DEL PROGRAMA VIVO CURIMÓN 

Entre los meses de enero, febrero y marzo se ejecutó la primera fase del “Proyecto de Vinculación Comunitaria a partir de Memoria de la Fiesta de San Francisco de Curimón”, parte del plan anual que se enmarca dentro de un programa a tres años liderado por la Fundación Lepe, denominado Vivo Curimón.

En esa primera parte se realizaron reuniones con cultores/as y actores territoriales vinculados a esta festividad, además de un levantamiento bibliográfico documental y una reunión ampliada, denominada Primer Taller Participativo, en el que asistieron más de 120 personas. Ese taller tuvo como objetivo co construir las acciones del plan durante el 2019 y una parte de éste estuvo dedicado a levantar las percepciones de la comunidad en torno a la fiesta.

A partir de ello, creemos importante entender la fiesta religiosa desde una mirada de patrimonio cultural.

FIESTA DE SAN FRANCISCO DE CURIMÓN

PATRIMONIO INMATERIAL DEL VALLE DEL ACONCAGUA

El patrimonio cultural posee dos dimensiones las cuales dialogan, pero al mismo tiempo poseen ámbitos de quehacer y focos diferentes, ellos son el material o tangible y el inmaterial o intangible. Dado el carácter de este estudio, lo que interesa es relevar el patrimonio cultural inmaterial (PCI) ligado a la Fiesta de San Francisco que se celebra todos los 4 de octubre en Curimón.

Antes de ahondar respecto a los sentidos y las razones por las cuales se considera el contexto de la Fiesta de San Francisco como patrimonio cultural inmaterial, se vuelve necesario profundizar en qué es lo que entendemos por este tipo de patrimonio. Para ello, recurriremos a la definición que nos aporta UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), dada que es la que se encuentra operativa en nuestro país a falta de una normativa propia respecto a la gestión y salvaguarda del patrimonio. Según UNESCO, el PCI comprende “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural”.

Asimismo, el PCI es transmitido de generación en generación, recreado constantemente por las comunidades y grupos acorde a su entorno, su historia y naturaleza, infundiendo un sentimiento de identidad y continuidad. De esta manera, contribuye a promover el respeto por la diversidad cultural, la creatividad humana y otros modos de vida, así como también el dialogo entre culturas. La importancia del PCI radica en el acervo de conocimientos y técnicas que se transmiten intergeneracionalmente, más allá de la manifestación cultural en sí misma. Dentro de sus características se considera que es tradicional, contemporánea y viviente a un mismo tiempo, es decir, no solo se relaciona con tradiciones heredadas del pasado sino que también aquellas del universo rural y urbano contemporáneos; es integrador, dado que no se presta para discusiones sobre pertenencia sino que contribuye a la cohesión social en tanto fomenta el sentimiento de identidad y responsabilidad; es representativo en cuando no lo valora como un bien cultural por su exclusividad o excepcionalidad antes bien por la interconexión que genera con el resto de la comunidad así como con otras, y que se transmite y recrea de generación en generación;  y es basado en la comunidad, dado que un patrimonio solo puede serlo si éste es reconocido como tal por su comunidad.

Por otra parte, se reconocen como ámbitos del PCI a: los saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional; los conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo; las artes del espectáculo, las tradiciones orales y los usos sociales, rituales y actos festivos. Sin duda la Fiesta de San Francisco de Curimón entra dentro de la última categoría en tanto es capaz de infundir dentro de la comunidad curamonina un sentimiento de identidad y arraigo que permite la cohesión del pueblo dado que es un conjunto de prácticas donde “participa la familia y llegan muchos familiares que hace mucho no se ven”.  Es decir, es un punto de reunión y encuentro para su comunidad. Pero también, es reconocida por sus cultores y cultoras como “parte de su tradición” la cual es importante ya que se “traspasa a la siguiente generación”, dado que, en palabras de una cultora “yo soy curamonina de Curimón y devota de San Francisco”.

 

Ahora bien, no podemos obviar que esta manifestación tiene un fuerte componente devocional y religioso -cabe destacar que se trata de una manifestación que surge por lo investigado hasta el momento desde lo colonial y que se mantiene hasta la fecha pese a la retirada en 2005 de los Franciscanos del pueblo, situación que es aún sentida por la comunidad pero que no le ha impedido seguirla realizado, con algunas modificaciones, año tras año.

Este hecho da cuenta, de que más allá del vínculo devocional -el cual es central e importante para los y las curamoninos(as)- la manifestación asociada a la Fiesta de San Francisco trasciende esta esfera y logra formar parte de la identidad del pueblo, marcando un sentido de pertenencia claro y profundo con el territorio.

 

Finalmente, es importante recalcar, que la Fiesta de San Francisco es también un espacio donde no solo las personas de Curimón se (re)conocen, sino que además les permite estrechar y renovar vínculos con las comunidades aledañas  en tanto estas también participan -pese a que esto ha ido mutando en el tiempo- a través de asociaciones (clubes de huasos, por ejemplo), peregrinación de santos  y hasta algunos años con la participación de bailes chinos, cantores a lo divino (como el caso de caballito blanco) y cantoras populares.

Por todo lo enunciado anteriormente, podemos decir, que sin duda alguna nos encontramos en este caso bajo un elemento de patrimonio cultural inmaterial, en tanto cumple con los requisitos mínimos enunciados por UNESCO, a saber, constituye una tradición que se traspasa de generación en generación, fortalece la identidad local, permite la cohesión social y a su vez se recrea permanentemente.

 

Ahora bien, aún resta por profundizar sobre sus características, particularidades y transformaciones que ha sufrido la Fiesta, para de esta manera poder identificar más claramente qué elementos son los que podrían ser susceptibles de gestionar a través de diversas medidas, pero también para comprender mejor los significados simbólicos, sociales y culturales que han ligado -y lo siguen haciendo- a los curamoninas y curamoninos con su territorio y con el valle de Aconcagua. 

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En Conjunto:

Fundación Lepe

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Programa Vivo Curimón

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